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2003/07/31

¡A hostias con los niños! 



- "Niño, deja ya de joder con la pelota" -escribió y cantó un día el inspiradísimo Serrat

- "Niño, que eso no se hace, que eso no se dice, que eso no se toca" -prosiguió con su métrica de poeta.

Lamentablemente, lo realmente sustancial y pertinente se lo dejó en el cesto de las letras jamás escritas; de esas que por prudencia, por ser correcto o, sencillamente, por miedo a despertar reacciones furibundas en cualquier colectivo, más o menos desorganizado, de esos que se sienten aludidos y molestan por cualquier chorrada, es preferible dejar sin parir.

Ustedes, como es natural, no tendrán, a estas alturas de la historia, la más mínima idea de a qué me estoy refiriendo, a pesar de que, por ser personas inteligentes (hay que serlo sobremanera para leer, aguantar estas empapeladas que les meto y tener ánimos aún para venir a por más) es muy probable que el título de este rollo higiénico de hoy les haya dado una pista.

Pues efectivamente, ¡botellita y coco para los caballeros y cajita de preservativos, con sabor a plátano de Canarias -como naturalmente tiene que ser- para las señoritas! Me estoy refiriendo a la metacarpioterapia, esa disciplina "educativa" que aún se sigue aplicando, con fruicción todo sea dicho, a todo aquel infante que sea merecedor del tan subjetivo adjetivo de díscolo.

La historia de hoy comienza con un tipo feote, bruto cual rocín de pocas luces e inusualmente prepotente. Un tipo bigotón, con cara de muy malas pulgas, que, mientras zarandeaba a un chavalín de unos cinco años, amenazando con dislocarle el hombro, con la palma de la mano libre abofeteaba los cachetes del pelón hasta ponerlos rojos como la pulpa de una sandía recién abierta.

Bizarro abusador y violento maestro- "Para que aprendas a respetarme" -gritaba el furibundo hijo de la gran puta, entre cachete y cachete.

- "A ver si aprendes a obedecer a la primera, cuando se te dicen las cosas" -amenazaba el animal, mientras seguía dándole unas toñejas que, afortunadamente, se iban espaciando cada vez más.

El pobre crío gemía y trataba de esconder la cara ante el aguacerro de tortazos que le estaba cayendo.

- "Hombre no sea usted tan bruto con el pobre chaval" -se atrevió a recriminar por lo bajito una de las señoras, que observaba atónita la escena.

Y el mal nacido, con mirada desafiante y mientras soltaba un último cachete, como para remarcar su propiedad sobre el chavalín, contestó: "¡métase en sus asuntos señora!" para, a continuación, llevarse a rastras al crío, meterlo en el coche de un empujón, cerrar la puerta de golpe y salir escopetado hacia el mundo de mierda del que seguramente había salido para pasar un agradable domingo de playa.

Me sobresaltó el descubrir que el impulso inmediato que me asaltaba, ante aquel abuso, era el de saltar al cuello de la bestia y liarle un par de soplamocos, que le hiciesen ver lo agradable que resulta recibir tortas. Sin embargo, la estupefacción de todo el desagradable espectáculo fue mayor y no supe llevar a la práctica, con suficiente rapidez, la idea que, tan sólo unos segundos antes de que el tipo emprendiese la huída, había cruzado por mi cabeza.
Se pueden imaginar el mal tubo que a uno se le queda en el cuerpo cuando le convierten en espectador involuntario de una historia así y siente además que no ha sabido reaccionar ni a tiempo ni adecuadamente.

Como no conozco el nombre y los apellidos del desgraciado cacheteador y como tampoco llevo encima una máquina que, cual Osito de Peluche, me hubiese permitido inmortalizar la agresión y el careto del mal nacido agresor, debo conformarme con contar esta historia de domingo triste y dejarla aquí expuesta para público escarnio de quienes aún desarrollan semejante tipo de conductas.

Para otro día quedarán las reflexiones profundas sobre lo inadecuado de aplicar un castigo físico con intención formadora o educativa (la deformadora no seré yo quien se la niegue).
Para otro día dejaremos eso de que el castigo tan sólo es efectivo para producir o inhibir conductas en presencia del agente que lo aplica.
Para otro día quedará el exponer que la agresión solamente genera en el niño conductas agresivas y el aprendizaje de la certeza de que la agresión y la violencia están justificadas como mecanismos para el logro de determinados objetivos.
Para otro día trasladarémos el explicar que la agresividad, la conducta antisocial y el abuso infantil y familiar en la madurez tienen, en muchos casos, un origen en las golpizas recibidas durante la infancia.
Para otro día, finalmente, dejaremos el denunciar a quienes, en virtud de su agresividad, piensan que con el ejercicio de la violencia pueden imponer sus objetivos, sus puntos de vista y sus ideas al conjunto de la sociedad.

Por hoy me contentaré con lo escrito y con pensar que a Serrat se le quedó en el tintero lo más importante de la historia:



- "Niño deja de joder con la pelota o el hijo de puta de tu papá te matará a Hostias".



Monstruo violento y maltrato infantil



¿FIN?

¡Eyaculad malditos! 



Lo dicen los expertos y ya se sabe que, en estas cosas, hay que hacer caso a quien más sabe.

Tantos y tantos años la Iglesia Católica Apostólica y Romana (ICAR) diciéndonos, por activa y por pasiva, que si uno se la tocaba demasiado -la pilila- se le acabaría cayendo a cachos y disolviéndosele la médula espinal y resulta que ahora vienen los expertos esos, diciendo que los hombres tienen que darle aunque sea a la zambomba, con lo que le quitan la razón a los curitas, que en eso de tocársela seguro que saben más que ellos. Pero dejen que les cuente.


Eyaculando un poquitoResulta que hoy ha entrado un tipo en mi WC con la revista 'New Scientist' en la mano y, entre hojeada y hojeada, he podido leer un estudio en el que se alababa "el efecto preventivo de la eyaculación sobre el desarrollo del cáncer de próstata en edades avanzadas". Resulta que los autores del estudio - de Melbourne ellos- afirman que quienes más eyaculan entre los 20 y los 50 años tienen menos probabilidades de sufrir cáncer de próstata, por lo que es conveniente hacerlo aunque sea masturbándose -y ojo que en esto del pajeo los australianos dicen las malas lenguas que tienen memoria histórica.

¿No les parece magnífico? Tantas y tantas generaciones reprimiendo el toqueteo y aumentando con ello inconscientemente el gasto sanitario y resulta que lo que hay que hacer es sencillamente: ¡eyacular, eyacular y eyacular! y ¡cuanto más mejor!

La explicación que dan los expertos a todo esto no podía ser más natural y de sentido común; y es que todo aquello que no se limpia bien se acaba estropeando y dejando de funcionar.

Pero señores míos, ¿es que acaso no lo dejaba bien claro el sargento chusquero cuando obligaba a toda la compañía a que limpiasen bien el arma? ¿Acaso no insistia en poner especial cuidado en limpiar y engrasar correctamente el cañón del chusco? ¿Acaso no solía él mismo ir todos los fines de semana a que le hiciesen una buena limpieza?

Carcinoma de próstataPues no señores, resulta que todas estas sabias lecciones, por mor de un puritanismo religioso mal entendido, no han servido de nada.
Tantos y tantos años de dictadura castrense y resulta que, merced a la facción religiosa del movimiento (iba a escribir alzamiento pero podría ser mal interpretado), sólo sirvió para que nos castrasen religiosamente y que ahora, con el paso de los años, tengan que venir unos australianos a decirnos que hay que vaciar los conductos si no queremos que se nos descomponga el semen retenido y nos deje la próstata hecha unos zorros (ver foto).

Dicho todo lo cual, el Tubbo les recuerda que, como dice la máxima latina, Semen retentibus venenum est. Así que cuidadín con reterner las ganas que más vale un buen dolor de testículos, por exceso de trabajo fornicador, que una próstata descojonada por defecto de ello y que, encima, todo el mundo se ponga a murmurar que uno bombea poco -ya saben ustedes como es la gente.

Pues eso.

¡Eyaculad malditos!, aunque sea pagando, que os va la salud en ello y la buena reputación.

¡He aquí a la culpable de mi desgracia! 



La tentación surge en cualquier esquina

Con tentaciones como esta ¿como no se va a gastar rápido el papel que reviste mi desnudez?

Así que, si encuentran en su camino a esta señora de amable rostro les ruego encarecidamente que ¡no hagan caso de sus chanzas, ni de sus ofrecimientos!

Bajo ese bondadoso rostro se oculta una genuina Jezabel, una falsa maestra, que les llevará a su perdición, por el camino del colesterol, y a la mía por el del retrete.

¡Fiesta, fiesta! 



Hola, holita, hola.

Un saludo a todos y todas como, por supuest@, dirían los políticos y políticas en plena campaña electoral.

¡Por fín!, que no es lo mismo que ya era hora pero se le parece un huevo -lo que a los efectos oportunos viene a ser igual-, he alcanzado este mundo de la realidad virtual, habitualmente inaccesible para el mass media de los rollos de papel higiénico.

A meditarEs importante que entiendan esta particularidad de mi existencia, dado que he tenido la inmensa e inusual suerte de no ser sacrificado, por mi concienciado amo y señor (ese que me compró por unos míseros céntimos de euro con la escatológica y nada confesable intención de obtener placer del suave contacto de mis hojas en sus posaderas), al reciclaje de celulosa .

El caso es que espero encontrar aquí, en la blogocosa esférica esa que dicen los entendidos, un espacio desde el que aplicar mi rollo; un rollo que, por ser higiénico, es el que cualquier realidad cotidiana, venida a menos, requiere para su correcto aseo.
Así pues, apréstense, estimados amigos, a disfrutar de mi buen e higiénico rollito.

Supongo que conocerán ustedes sobradamente esa tradicional postura de meditación genuflexa, que conlleva el portar los cinturones sueltos y los pantalones y calzoncillos por los tobillos. Ustedes no se preocupen de nada más que un servidor hará el resto.

Como podrán observar, hay papel y tubito para echar el resto.

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